Capitanes intrépidos (1937)

                                                  capitanes intrépidos

Capitanes intrépidos (1937) de Victor Fleming es un drama de aventuras marinas que tiene como base la amistad que surge entre un honesto marinero portugués, y un joven niño malcriado que cae por la borda de un barco en el que se encuentra de vacaciones con su rico padre. Dirigida con un ritmo activo y con un estilo enternecedor en lo que se propone, es una obra hermosa que muestra el cambio de un niño maleducado y manipulador a mejor a través del corazón y la paciencia de un pescador que se encariña de él y le enseña los verdaderos valores de la vida, concluyendo con la intención de educar un film magistral que cala en los corazones de todos los públicos y que además, tiene una calidad cinematográfica excelente.

La fotografía en blanco y negro es alusiva y agraciada en una labor portentosa que está estéticamente repleta de detalles que te transportan y cumplen con un soberbio trabajo. La música de Franz Waxman es emotiva y melódica y es usada solo en determinadas ocasiones para dar un toque agradable y enternecedor al film, con canciones también típicas de marineros faenando. Los planos y movimientos de cámara consuman un buen trabajo técnico que saca lo mejor tanto de la acción como de las interpretaciones mediante el uso de los detalles, primeros y primerísimos planos, seguimiento, generales, avanti, retroceso y reconocimiento que dan dinamismo al film.

Las actuaciones son magníficas y están repletas de personalidad y acierto. Como protagonistas Spencer Tracy está deslumbrante y sincero en un oscarizado papel y Freddie Bartholomew hila una completa interpretación infantil que va variando a medida que madura el personaje, siendo auténticas y remarcables las interpretaciones de Lionel Barrymore, Melvyn Douglas, Mickey Rooney y John Carradine entre otros. Para estos emplea la dirección artística unos vestuarios y caracterizaciones impolutos y elegantes por un lado que marcan la alta clase social de las protagonistas y típicos de marinero de la época por otro, en una correcta labor que junto con los acertados decorados te transportan in situ.

El guion, escrito por John Lee Mahin, Marc Connelly y Dale Van Every y basado en la novela de Rudyard Kipling, es bello y va poco a poco creando una atmósfera de amistad y emotividad que captura la total atención del público sobre todo al final, cuando ya el espectador está totalmente entregado a una trama sin igual, de esas que se quedan en el corazón de todo aquel que la decida ver. Esto se lleva a cabo con una narrativa dinámica e impoluta que marca por un lado lo conspirador e insinuante y por otro la educación y la pureza dependiendo de la actitud del personaje en una expresiva y bien trabajada labor. Cabe destacar también, el montaje lineal y seguido que hace que sus casi dos horas de duración pasen en un santiamén.

Concluyendo, la considero una obra inmortal e indispensable en el género y en la filmografía del director que enternece con una gran lección en la vida a todos, ya que su contenido reboza de ternura y humildad para dar una lección a aquellos que piensan que el dinero lo puede todo en la vida. Muy recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, montaje, planos, movimientos de cámara, vestuarios, decorados y narrativa que hacen de Capitanes intrépidos, un film excepcional para toda clase de públicos.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 9 SOBRE 10

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