Drácula (1958)

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Drácula (1958) de Terence Fisher es un film de terror basado en el vampiro más conocido de la literatura y el cine. Dirigida con un ritmo pausado y con un estilo personal que no pasa de moda en su elegancia y estética, es sin embargo un film que apenas de miedo o inquietud y que no obstante es un clásico del séptimo arte en su género fantástico y de visión obligada para los amantes del género, al ser una de las precursoras de posteriores cintas basadas en el conde drácula. Realizada de forma visualmente atractiva tiene un resultado intachable que merece la pena ser visto y no solo por los amantes del género sino por todos en general.

La fotografía en color está repleta de detalles alusivos y tiene imágenes lúgubres que desconciertan y mantienen una atmósfera oscura en un soberbio trabajo visual. La música es estimulante al mostrar unos sonidos insidiosos e intensos que inquietan y dan misterio en las escenas oportunas, cumpliendo con el acompañamiento musical. Los planos y movimientos de cámara concluyen un sobrio pero acertado trabajo técnico a través del uso del seguimiento, generales, reconocimiento, subjetivos, avanti, retroceso y primerísimos planos.

Las actuaciones son remarcables e impasibles. Como protagonistas Christopher Lee trabaja con autenticidad y verosimilitud en el papel de conde drácula más mencionado y Peter Cushing con integridad y firmeza en su labor, siendo notables los acompañamientos de Michael Gough, Melissa Stribling, Valerie Gaunt y Carol Marsh entre otros. La dirección artística emplea para estos unos vestuarios elegantes y sugestivos por un lado y tenebrosos por otro en las caracterizaciones de los vampiros, rematando una competente tarea para la época que junto con los decorados te transportan in situ.

El guion, escrito por Jimmy Sangster y basado en la obra de Bram Stoker, es inspirador en una historia implacable que penetra en el público de un modo admirable, llegando a ser más agradable por su seducción de estética gótica que apasionante por un terror más bien inexistente y basado en la eterna leyenda. Esto se lleva a cabo con una narrativa enigmática y clásica por parte de unos personajes educados y correctos, en una impoluta tarea muy acertada para el tipo de film.

Para finalizar, la considero una obra indeleble e indispensable en el género y en el séptimo arte, ya que aunque no aterrorice es de gran calidad cinematográfica y tiene algunos detalles cautivadores no solo por la historia, sino por la atmósfera creada alrededor de ella. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, vestuarios, caracterizaciones y narrativa que vuelven a Drácula, un film imprescindible en el terror clásico que gustará a todos los seguidores del género y del personaje en cuestión.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 7 SOBRE 10

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