El crepúsculo de los dioses (1950)

el crepusculo de los dioses

El crepúsculo de los dioses (1950) de Billy Wilder es un drama de cine negro sin igual. Dirigida con un ritmo majestuoso y con un estilo magnético que absorbe al espectador, es una obra personal y extraordinaria que ha pasado a la historia fílmica como uno de los clásicos irrepetibles de Wilder, ya que tanto su historia como sus interpretaciones son sobresalientes en su modo de ser llevadas a cabo, y también, por tener algunos detalles sensacionales en su interior que cautivarán a los cinéfilos clásicos. Realizada de modo sublime tiene un resultado extraordinario de visión obligada para todos los públicos.

La fotografía es sensacional y saca a relucir los maravillosos decorados que son espectaculares, cumpliendo con una labor espectacular que impresa por el lujo de unas mansiones abandonadas. La música es bella y majestuosa en su acompañamiento de la historia, cumpliendo con un trabajo evocador y desde luego hipnotizador por su dramatismo que deja el listón muy alto gracias a la mano experta de Franz Waxman. Los planos y movimientos de cámara están cuidados hasta el más mínimo detalle como es costumbre en su director, sacando lo mejor de la historia y las interpretaciones mediante el uso de los generales, reconocimiento, seguimiento y primeros planos que añaden dramatismo a la historia.

Las actuaciones son inconmensurables y recordables. Como protagonistas Gloria Swanson borda su papel de estrella de cine mudo que intenta volver a la palestra a toda costa, concluyendo una de las mejores interpretaciones femeninas que se recuerdan y William Holden está deslumbrante en un papel con personalidad, siendo sobria y con carácter seco la interpretación de Erich von Stroheim, y notables los acompañamientos de Nancy Olson, Fred Clark, Jack Webb y Lloyd Gough, con especial atención a las inesperadas apariciones de los directores Cecil B. DeMille y Buster Keaton con pequeños papeles. Para estos emplea la dirección artística unos vestuarios y caracterizaciones elegantes y sugestivos a cada personaje según su forma de ser, sobre todo en el caso de Norma Desmond que claramente vive en el pasado y unos decorados estupendos sobre todo en interiores, que te transportan in situ a mansiones casi abandonadas que lo fueron todo antaño.

El guión, escrito por el director junto con Charles Brackett, y D.M. Marshman Jr., es atractivo y sustancioso por tener un argumento ácido y crítico hacía el mundo cinematográfico de Hollywood y su consideración de eterno estrellato que es representando a la perfección gracias al personaje de Norma Desmond, que se ha quedado suspendida en un pasado de éxito y reconocimiento y es incapaz de aceptar que su época ya pasó, llegando incluso a la locura de no saber distinguir entre la ficción y la realidad. Esto se lleva a cabo con una narrativa del protagonista con voz en off que explica su historia con todo detalle desde el principio hasta el final.

Concluyendo, la considero una obra inmortal e imprescindible no solo en la filmografía del director sino en el séptimo arte, por tener en su interior un mensaje que deja patente los años de excesos en Hollywood y la dificultad que tuvieron algunos actores de cine mudo para reciclarse al cine sonoro, o en este caso reconocer que su época sencillamente ya paso. Muy recomendable por su dirección, guion, interpretaciones, fotografía, música, planos, movimientos de cámara, vestuarios, decorados y narrativa que convierten a El crepúsculo de los dioses, en una de esas películas que son consideradas una auténtica joya del séptimo arte, por ser encantadora y dramática a partes iguales y mostrar con acierto los imparables excesos de un lugar tan reconocido en el mundo cinematográfico, como lo es Hollywood.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 10 SOBRE 10

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