El cuarto mandamiento (1942)

                                           el cuarto mandamiento

El cuarto mandamiento (1942) de Orson Welles es un drama familiar basado en la gran depresión norteamericana y trata sobre dos familias pudientes de Indianápolis que tras años sin verse se vuelven a reunir y saltan chispas de amor entre sus jóvenes hijos. Dirigida con un ritmo tranquilo y con un estilo profundo y algo alejado de lo más habitual de Welles aunque tiene sus destellos técnicos, es una obra notable en su historia y desarrollo que gusta ver y va poco a poco creando el ambiente necesario para acaparar la atención del público con su entramado y giros argumentales, logrando concluir un film magnífico en todos los sentidos que sin embargo al verla tienes la sensación de poder ser una obra de cualquier otro director clásico como por ejemplo Joseph L. Mankiewicz.

La fotografía en blanco y negro está bien cuidada en detalles alusivos que confortan en su visionado, haciendo gran uso de los claroscuros en una soberbia labor que es estéticamente decorativa y espléndida en resultado. La música es melódica y clásica gracias a la mano experta de Bernard Herrmann, ya que expone sonidos bellos y encantadores que de forma dulce agrada en su acompañamiento, añadiendo en ocasiones sonidos tristes y nostálgicos. Los planos y movimientos de cámara consuman una labor técnica personal y propia del director mediante el uso de la cámara en mano, primeros y primerísimos planos, tercera persona, seguimiento, avanti, retroceso, generales, detalles y plano-contraplanos que logran un excelente trabajo técnico.

Las actuaciones son admirables y contundentes. Como protagonistas Tim Holt está decisivo y con carácter en un personaje orgulloso y Joseph Cotten está carismático y con personalidad, siendo brillantes los acompañamientos de Dolores Costello, Agnes Moorehead, Anne Baxter, Richard Bennett y Ray Collins. Emplea para estos la dirección artística unos vestuarios y caracterizaciones distinguidos y elegantes de clase alta y pudiente en un clásico y evocador trabajo que junto con los estupendos e impolutos decorados te transportan in situ.

El guion, escrito por el director y basado en la novela de Booth Tarkington, es embrollado y notable en la historia personal que expone de cine típico clásico, logrando un resultado inspirador que se centra en las enormes diferencias y forma de ser de sus personajes, en especial por su diferencia de años y madurez para mostrar un drama esplendido que aunque no hable a voces del director por su estilo, es un film destacable y digno de ver. Esto se lleva a cabo con una narrativo con voz en off afable y explicativa para poner al público en situación. Cabe señalar también, el montaje lineal y seguido que exprime muchos años de historia en tan solo hora y media de duración.

Para finalizar, la considero una obra esencial e imperecedera en el género y en la filmografía del director aunque su estilo no sea el más reconocible de este, pero desde luego es un film notable y con una historia profunda e intachable que se centra no solo en el amor, sino también en el aprendizaje de un joven para su llegada a la madurez. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, montaje, planos, movimientos de cámara, vestuarios, caracterizaciones, decorados y narrativa que vuelven a El cuarto mandamiento, un film clásico con todos los componentes necesarios para cautivar a los cinéfilos más exigentes.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 8 SOBRE 10

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El cuarto mandamiento (1942), 8.0 out of 10 based on 1 rating

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