El gran dictador (1940)

el gran dictador

El gran dictador (1940) de Charles Chaplin es una comedia satírica sobre el nazismo y Hitler. Dirigida con un ritmo dinámico y con un estilo crítico y afilado, consigue realizar su primera y mejor obra sonora de forma maravillosa, mezclando hábilmente el humor y el dramatismo para calar en el corazón del espectador de forma impecable, y más aún, con el soberbio mensaje final dedicado a la libertad que tan solo un genio como Chaplin era capaz de desarrollar. Realizada de modo inteligente tiene un resultado extraordinario y lleno de emoción que será del agrado tanto del público más exigente como del comercial.

La fotografía en blanco y negro es perfecta y está cuidada hasta el más mínimo detalle para añadir tanto risas como emoción a un trabajo visual que cautiva al público. La música, realizada por el director junto con Meredith Willson, es de nuevo algo brillante que sabe manejar a la perfección los estados anímicos que quiere trasmitir Chaplin en todo momento, completando una labor digna de elogio. Los planos y movimientos de cámara consuman un deslumbrante trabajo técnico a través del uso del reconocimiento, seguimiento, generales, primeros planos y travellings que sacan lo mejor de la historia.

Las actuaciones son entrañables y carismáticas. Como protagonistas Charles Chaplin está encantador y genuino como es normal en él, aún prescindiendo en gran parte de su enorme trabajo gesticular y Paulette Goddard hila una interpretación convincente y llena de vida, siendo estupendos también los acompañamientos de Jack Oakie, Reginald Gardiner y Henry Daniell entre otros.  La dirección artística emplea para estos  unos vestuarios evocadores y ocurrentes que conseguirán las risas de toda la familia. También caben destacar unos efectos visuales muy conseguidos y competentes para la época con el objetivo también de sacar una sonrisa al espectador.

El guión, escrito por el director, es original y único, provocando todo tipo de emociones que se dan la mano para no dejar a nadie indiferente por la burla hacia Hitler y el nazismo en un momento en el que, aunque comenzada la segunda guerra mundial, aún no era conocido por Chaplin los horrores que del fanatismo y la estupidez humana salían de ella. Esto se lleva a cabo con una narrativa ingeniosa e hilarante que lleva impresa unos diálogos cómicos que están también llenos de emotividad en las escenas oportunas, en especial, el inolvidable discurso final hacia la libertad que paso a la historia como uno de los mejores y más penetrantes del cine.

Para finalizar, la considero una obra maestra absoluta, no solo por ser cómica y emotiva como pocas sino también por llevar impreso un mensaje de libertad en el momento en el que era más necesario, cautivando con ello a toda clase de públicos que asisten con asombro a la visión de una de las obras más imperecederas y hermosas del séptimo arte. Muy recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, montaje, efectos, planos, movimientos de cámara, vestuarios, caracterizaciones, narrativa y diálogos que vuelven a El gran dictador, es la comedia dramática perfecta por hacer sentir a todos de forma sobresaliente el humor y lo dramatismo a partes iguales.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 10 SOBRE 10

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El gran dictador (1940), 9.7 out of 10 based on 3 ratings

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