El hombre de la cámara (1929)

                                                el hombre de la cámara

El hombre de la cámara (1929) de Dziga Vertov es un documental de cine mudo y experimental que exprime a lo largo de un día muchísimas situaciones cotidianas de una ciudad rusa. Dirigida con un ritmo trepidante por su montaje que no da un segundo de respiro y con un estilo directo que muestra ampliamente la vida cotidiana de un una ciudad rusa, es un documental sobresaliente por el que no pasa el tiempo en un sentido cinematográfico, además es de visión obligada para todos aquellos cinéfilos que quieran descubrir las mejores obras de las primeras décadas del cine, ya que lo que ofrece es totalmente hipnótico y sugerente para transportar eficazmente al público a cada momento y lugar en cuestión para ver en primer plano la vida rusa del momento.

La fotografía en blanco y negro es sugestiva de la sociedad del momento en Rusia aunque con algunos detalles futuristas para promocionar el país, dando espectáculo con unas imágenes rápidas y desconcertantes que magnetizan al público de principio a fin. La música es una versión restaurada en el año 2001 y enardece la acción con sonidos intrigantes y arrolladores que alientan y añaden misterio a una penetrante labor muy acertada para lo que ofrece el film. Los planos y movimientos de cámara consuman una excelsa labor técnica a través del uso de los detalles, cámara en mano, acelerada, paralizada y ralentizada, stop motion, generales, reconocimiento, panorámicos, seguimiento, primeros y primerísimos planos que exprimen lo mejor del documental en sí.

El guion, escrito por el director, es magnífico no en lo que ofrece sino en el cómo lo ofrece, ya que es la rutina de un día cualquiera en una ciudad rusa, plasmando a toda clase de gente en su día a día, como dando a entender la infinidad útil de una cámara y lo que con ella puedes plasmar, logrando cautivar e hipnotizar al público con un sinfín de imágenes que deleitan al espectador. Esto se lleva a cabo con una narrativa visual en la que el día a día de los personajes que son los habitantes de la ciudad es el única intención del film. Cabe destacar por encima de todo, el montaje original y más aun para la época en sus sucesivas imágenes sueltas que en conjunto conforman la rutina de un día normal en un trabajo vertiginoso por el que no pasan los años.

Para finalizar, la considero un documental inmortal e insustituible en la historia del cine por transportarnos fehacientemente a la Rusia de los años 20 desde muchos puntos de vista gracias a la cámara que el director considero imprescindible para inmortalizar hasta lo más sencillo como es la monotonía de un día cualquiera pero expuesta de modo que genera gran interés. Muy recomendable por su dirección, guion, fotografía, música insertada años después, montaje, planos, movimientos de cámara y narrativa visual que vuelven a El hombre de la cámara, un documental inolvidable y necesario para cualquier cinéfilo clásico amante del cine en todas sus variantes.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 9 SOBRE 10

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