El hombre invisible (1933)

                                            el hombre invisible

El hombre invisible (1933) de James Whale es un thriller de terror fantástico y ciencia ficción basado en un hombre que a base de experimentar consigue hacerse invisible, aunque su personalidad cambia drásticamente a peor. Dirigida con un ritmo desenfrenado y con un estilo personal que se desvía un poco de la novela original, es una obra atractiva y más contando con la década en que se realizó para cautivar a los amantes de los géneros y cinéfilos clásicos que disfruten con films muy bien trabajados para su momento, en especial con los efectos visuales muy conseguidos para la época que no dejan de sorprender al espectador.

La fotografía en blanco y negro está repleta de detalles sensacionales que impactan y llaman la atención con sus evocadoras imágenes que estimulan y logran una labor portentosa digna de elogio. La música es intrigante o inquietante según el momento de la acción, además solo es usada en contadas ocasiones para no desviar la atención del espectador, cumpliendo con un excitante trabajo que arrolla y turba a todos en su visionado. Los planos y movimientos de cámara logran un buen trabajo técnico a través del uso de la cámara en mano, seguimiento, reconocimiento, generales, avanti, retroceso, primeros planos, subjetivos y detalles que sacan lo mejor de la acción. Cabe destacar también unos efectos visuales sorprendentes que desconciertan al público y son dignos de elogio para la época en que se realizaron.

Las actuaciones son contundentes y remarcables. Como protagonistas Claude Rains está persuasivo en su papel e impetuoso aunque tan solo se le ve la cara al final, siendo idóneos los acompañamientos de Gloria Stuart, William Harrigan, Henry Travers, E. E. Clive, John Carradine y Walter Brennan entre otros. Emplea para estos la dirección artística unos vestuarios y caracterizaciones alusivos y variados según el personaje, ya que varían de humilde a elegante según la clase social perteneciente en una decente labor que junto con los oportunos decorados te transportan in situ.

El guion, escrito por R.C. Sheriff y Philip Wyle y basado en la novela de H.G. Wells, varía algo de la historia original al colocar al protagonista como un lunático más que como un científico brillante, ya que la sociedad del momento no estaba preparada para ver a un malo no tan malo, aunque de todos modos cumple notablemente con lo que se propone con el film y entretiene y ameniza el rato a todos aquellos que quieran disfrutar de un buena obra. Esto se lleva a cabo con una narrativa clásica y educada que añade intriga en una expresiva tarea, empleando también una supuesta voz en off al no verse la cara del protagonista. Cabe destacar también, el montaje lineal y seguido y de corta duración que hace que su visionado pase en un santiamén.

Concluyendo, la considero un clásico de ciencia ficción, fantástico y de terror que cautivará a los cinéfilos más exigentes al tomarse muy en serio el film y los efectos visuales para una época en la que era toda una sorpresa visualizarlos, concluyendo una digna película que no pierde un ápice su calidad cinematográfica ni con el paso de los años. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, montaje, efectos, planos, movimientos de cámara, vestuarios, caracterizaciones y narrativa que vuelven a El hombre invisible, en un film recordable y digno de elogio por todo lo que ofrece en una época en la que no estaban acostumbrados a películas así.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 8 SOBRE 10

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El hombre invisible (1933), 8.0 out of 10 based on 1 rating

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