El quimérico inquilino (1976)

                                            el quimérico inquilino

El quimérico inquilino (1976) de Roman Polanski es un thriller de terror psicológico considerado por muchos como una película de culto, en la que un tímido conserje se muda a un apartamento donde se acaba de suicidar una joven en extrañas circunstancias. Dirigida con un ritmo enrarecido y en ocasiones asfixiante y con un estilo muy personal del director que hipnotiza al público, es una obra magnífica al crear con mucho oficio una atmósfera turbia que va poco a poco atrapando al espectador e inquietándolo no con un terror evidente, sino con uno psicológico que consigue alterar y machacar al público a su antojo, concluyendo uno de los films más destacables y notables de la filmografía del director.

La fotografía es evocadora y estimulante en sus oscuras imágenes que añaden misterio y claustrofobia al film, ya que es recóndita y estéticamente sombría, cumpliendo con una labor repleta de detalles que crean un atmósfera turbia y tenebrosa. La música es lúgubre e hipnotizadora, usada solo en los momentos clave para turbar al público y hacerle sentir la constante amenaza que siente el protagonista, ya que sus sonidos insidiosos añaden enigma con profundidad e incluso intriga. Los planos y movimientos de cámara consuman una labor particular bastante usada por el director mediante el uso del reconocimiento, subjetivos, cámara en mano, primeros planos, plano-contraplanos, avanti, generales y detalles que añaden dramatismo e inestabilidad para situarnos en la piel del protagonista, centrándose esta en todo momento en el estado anímico de este.

Las actuaciones son señaladas y cumplidoras. Como protagonistas Roman Polanski está creíble y convincente en un tímido personaje, Isabelle Adjani está sensual y natural, Melvyn Douglas está contundente en su labor y Shelley Winters apática en su tarea, siendo buenos los acompañamientos de Jo Van Fleet, Bernard Fresson y Lila Kedrova entre otros. Para estos emplea la dirección artística unos vestuarios y caracterizaciones variados y sugerentes al personaje, pasando de elegantes a informales para marcar la personalidad de cada uno de ellos en una oportuna labor que junto con los decorados te transportan in situ.

El guion, escrito por el director junto con Gérard Brach y basado en la novela de Roland Topor, va creando poco a poco un ambiente enrarecido y turbio que envuelve y asfixia al espectador, desconcertándolo con una historia de lo más turbadora y extraña que no se llega a comprenderse del todo pero igualmente mantiene al público absorto e inquieto, finalizando un insólito film que aunque no tuvo mucho éxito en su estreno es considerado hoy día como una de los mejores y más personales películas del director. Esto se lleva a cabo con una narrativa oculta y atrayente que es tímida en el caso del protagonista y tétrica y profunda en el resto de personajes.

En definitiva, la considero una obra inmortal e insustituible del director y de su género que es considerada ampliamente por sus seguidores como una película de culto, ya que la extrañeza de su trama descoloca al público y lo deja inmerso en un universo raro creado por Polanski en uno de sus films más personales y únicos. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, montaje, planos, movimientos de cámara, vestuarios, caracterizaciones, decorados y narrativa que hacen de El quimérico inquilino, un film esencial en la filmografía del director que deja evidencias de gran cine y de la gran calidad cinematográfica del famoso cineasta.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 8 SOBRE 10

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El quimérico inquilino (1976), 8.0 out of 10 based on 1 rating

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