El rey y yo (1956)

                                                 el rey y yo

El rey y yo (1956) de Walter Lang es un musical romántico con toques de humor basado en un monarca de Siam del siglo XIX, que trae a una institutriz inglesa a su palacio para enseñar el idioma a sus hijos. Dirigida con un ritmo activo y con un bello estilo muy llamativo y agradable, es una obra impecable y grandiosa en sus decorados y vestuarios que captan la total atención del espectador por su vistosidad, canciones y movimientos de personajes que entretienen e incluso tiene algunos tintes cómicos que divertirán al público, concluyendo un estupendo film que se queda eficazmente en la memoria del espectador, logrando quedar como uno de los mejores musicales del séptimo arte.

La fotografía en color es vistosa y de lo más llamativa gracias a una labor sensacional y alusiva que está cuidada hasta el más mínimo detalle para atraer la atención del público, ya que las imágenes del film cautivan por su luminosidad y hermoso trabajo. La música es autóctona y contiene unas bellas melodías que de forma agradable evocan al lugar, encantando al espectador con su estimulante y majestuoso trabajo. Los planos y movimientos de cámara consuman una labor técnica notable a través del uso del avanti, retroceso,  reconocimiento, primeros planos, panorámicos y plano-contraplanos bien elaborados que sacan lo mejor de las interpretaciones y sus alrededores.

Las actuaciones son auténticas aunque bastante estereotipadas, pero desde luego gusta verlas. Como protagonistas Yul Brynner está genuino y admirable en su vistosa labor y Deborah Kerr está inocente e ingenua aunque con carácter dentro de su línea habitual, siendo convincentes los acompañamientos de Rita Moreno, Martin Benson, Terry Saunders, Carlos Rivas y Alan Mowbray. Para estos emplea la dirección artística unos vestuarios y caracterizaciones sugestivos de la época y el lugar en un maravilloso trabajo que deslumbra, fascinando a todos los públicos gracias a una sobresaliente labor que junto con los soberbios decorados te transportan in situ.

El guion, escrito por Ernest Lehman y Oscar Hammerstein II y basado en la novela de Margaret Landon en la autobiografía de Anna Leonowens, es ameno y atractivo no solo en su entramado, sino también en sus musicales y coreografías que junto con los vestuarios y decorados mantienen al público absorto y pendiente de un espectáculo visual que obtuvo justamente 5 oscars, finalizando uno de los mejores romances musicales que se han tallado en el cine del siglo XX para dejar gran sensación tras su visionado. Esto se lleva a cabo con una narrativa sugerente del lugar, que es académica y clásica en sus expresiones y diálogos espontáneos. Cabe destacar también, el montaje lineal y seguido que exprime gran historia y da entretenimiento sin llegar a ser pesada en sus más de 2 horas de duración.

Concluyendo, la considero un musical soberbio y muy agradable y entretenido que atrapará con mucho oficio y colorido a toda clase de públicos y en especial a los amantes del género, ya que tiene todos los componentes necesarios para cautivar a su paso en belleza a los que se aventuren a descubrirla. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, montaje, planos, vestuarios, caracterizaciones, decorados y narrativa que convierten a El rey y yo, en uno de los mejores musicales que se han realizado en el siglo XX.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 8 SOBRE 10

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