Fitzcarraldo (1982)

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Fitzcarraldo (1982) de Werner Herzog es un drama de aventuras basado en hechos reales sobre un excéntrico hombre de negocios que pretende construir un teatro de ópera en plena selva Peruana al lado del Amazonas, y para ello debe subir al monte un barco fluvial con la ayuda de indígenas. Dirigida con un ritmo pausado y con el estilo fiel y característico del director, es una obra curiosa en lo que expone y arrolladora en el modo en el que lo expone, llevando a cabo una historia provocadora y única que gusta ver a todos los seguidores del director por sorprender con la idea que quiere plasmar en el film y la obsesión del protagonista por realizarla a toda costa, concluyendo uno de los mejores films del director que dejará grandes sensaciones tras su visionado.

La fotografía es lumínica y evocadora al lugar, gracias a un trabajo repleto de detalles llamativos y naturistas que cautivan al público gracias a una labor portentosa y apasionante que se queda eficazmente en la retina del espectador. La música de ópera llena gran parte del film con unas melodías bellas que gustan escuchar y en otros momentos son usados sonidos rítmicos y autóctonos que estimulan e inquietan, aunque en ocasiones se exceden con la música ochentera. Los planos y movimientos de cámara consuman una labor personal y propia del director mediante el uso de las grúas, aéreos, primeros planos, generales, cámara en mano continua, subjetivos, reconocimiento, panorámicos y detalles en una labor que saca lo mejor de la acción y de las interpretaciones.

Las actuaciones son remarcables y auténticas. Como protagonistas Klaus Kinski está íntegro y persuasivo en su línea habitual y Claudia Cardinale sensual e irreprochable en su labor, siendo buenos los acompañamientos de Paul Hittscher, Miguel Ángel Fuentes, José Lewgoy y Grande Otélo. Para estos emplea la dirección artística unos vestuarios y caracterizaciones alusivos, siendo carentes y humildes en los indígenas y otros formales pero apropiados al medio en una notable labor que junto con los decorados y exteriores te transportan in situ.

El guion, escrito por el director, es original en su idea aunque está basado en unos hechos reales del siglo XIX, aunque a mayor escala y es de lo más llamativo tanto por ver como suben un gran barco sin efectos visuales a la montaña, como por la tensión añadida y enfrentamientos entre el director Herzob y el actor Kinski que ha sido ampliamente comentada, cautivando a todos los seguidores del director y de las cintas de aventuras por ser valiente en lo que llevaron a cabo de un modo único. Esto se lleva a cabo con una narrativa con voz en off al principio que es enigmática y explicativa, siendo el resto algo desconcertante y expresiva por parte sobre todo del protagonista. Esto se lleva a cabo con un montaje lineal y seguido que se toma su tiempo en ir mostrando la historia.

Para finalizar, la considero una obra esencial e imperecedera en su género y en la filmografía del director por exponer algo nuevo y arriesgado para satisfacer a toda clase de cinéfilos con una aventura basada en algo real y que es de lo más llamativa, finalizando un film que siempre será recordado por ver como suben un barco a una montaña y las tensiones añadidas al rodaje por Klaus Kinski y su director. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, montaje, planos, movimientos de cámara, vestuarios y narrativa que hacen de Fitzcarraldo, un film excepcional y de visión obligada para todos los buscadores de aventuras y cine con grandes pretensiones en su interior.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 8 SOBRE 10

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