Hindenburg (1975)

                                               hindenburg

Hindenburg (1975) de Robert Wise es un drama inspirado en una catástrofe real en el que un zeppelín llamado Hindenburg, vuela hacia Nueva York con una bomba en su interior mientras un coronel del ejército nazi trata de encontrarla y desactivarla. Dirigida con un ritmo tranquilo al principio y frenético al final y con un estilo que añade efectismo a los hechos reales que ocurrieron aquél fatídico 6 de mayo de 1937, es una obra implacable en su final al mezclar imágenes ficticias con las reales para añadir dramatismo al espectador y dejar tras su visionado la sensación de haber visto un film trágico y violento que dejará un recuerdo imborrable por estar basado en hechos reales.

La fotografía es a color al principio y en blanco y negro al final, usando imágenes de archivos reales para impactar y llamar la atención del espectador, dando al final una imagen dantesca del desastre en una labor portentosa que no dejará a nadie indiferente. La música es melódica y estimulante en una tarea arrolladora que al final se vuelve intensa y penetrante para crear un mayor desconcierto. Los planos y movimientos de cámara consuman una labor técnica notable a través del uso de los detalles, generales, panorámicos, reconocimiento, plano-contraplanos, subjetivos, aéreos, cámara en mano, primeros y primerísimos planos que exprimen lo mejor de las actuaciones y del desastre. Cabe destacar también, unos efectos visuales competentes y acertados que exponen sin tapujos lo ocurrido junto con imágenes de archivos.

Las actuaciones son sobrias pero remarcables. Como protagonistas George C. Scott está auténtico y concluyente en su labor, Anne Bancroft está provocativa y susceptible en su tarea y William Atherton está señalado en su línea habitual, siendo buenos los acompañamientos de Roy Thinnes, Gig Young, Burgess Meredith y Charles Durning entre otros. La dirección artística emplea para estos unos vestuarios elegantes y formales en un distinguido trabajo que junto con los decorados te transportan in situ.

El guion, escrito por Nelson Gidding, mezcla con eficacia la realidad con la ficción para atraer al espectador más comercial y buscador de películas basadas en desastres que marcaron en un sentido u otro la humanidad, finalizando con ello un film que sin ser brillante merece la pena ser visto por los cinéfilos menos exigentes que estén dispuestos a esperar 100 minutos de una trama más tranquila y conspiradora para llegar a su sorprendente final. Esto se lleva a cabo con una narrativa con voz en off al principio explicativa en plan documental de radio, siendo el resto dinámico en su presentación de personajes y militar y clásica también en estos. Cabe señalar también, el montaje dividido en días hasta el momento del desastre, siendo este lineal y algo largo hasta llegar al final que es lo que verdaderamente merece la pena del film.

En conclusión, la considero una obra inmortal por ofrecer aunque a medias un hecho dramático que acabó en Alemania por dejar la utilización de zeppelines para cruzar el océano, logrando dejar al final al público absorto con unas imágenes dantescas y dramáticas que quedarán en su retina para siempre. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, música, efectos, planos, movimientos de cámara, vestuarios y narrativa que convierten a Hindenburg, en un film catastrofista que sin ser imprescindible no dejará a nadie indiferente tras su visionado.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 7 SOBRE 10

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