Los puentes de Madison (1995)

                                              los puentes de madison

Los puentes de Madison (1995) de Clint Eastwood es una drama romántico sobresaliente y sincero como pocos. Dirigida con un ritmo majestuoso y con un estilo osado por tratar de modo inmejorable y natural las relaciones humanas más básicas aunque con ello se llegue a la infidelidad, es una obra provocadora y sublime para cualquier cinéfilo. Realizada de manera apasionante tiene un resultado magistral y subjetivo que parece como si se desahogara el director al trasmitírnoslo.

La fotografía es naturista y rural de los campos americanos, con imágenes espléndidas en un sinfín de detalles lumínicos y maravillosos que completan un trabajo inspirador y rico en matices. La música es bella y nostálgica al tener sonidos melancólicos que acompañan el film con un acierto sentimental y hermoso que cala en el público por ser encantador. Los planos y movimientos de cámara consuman un deslumbrante trabajo técnico mediante el uso del seguimiento, panorámicos, travellings, cámara en mano, steadycam, planos generales y detalle además de tercera persona que nos sitúan como carabina en la relación, haciéndonos partícipes y cómplices de la historia.

Las actuaciones son fulgentes y profundas. Como protagonistas Meryl Streep esta soberbia e inmedible en uno de sus mejores y más sentidos papeles y Clint Eastwood irreconocible fuera de su línea de tipo duro habitual, llevando a cabo un papel más emotivo y recóndito, destacando también las competentes interpretaciones de Annie Corley y Jim Haynie. Para los cuales emplea la dirección artística unos vestuarios y caracterizaciones sugerentes a la época y elaborados con sencillez.

El guion, escrito por Richard LaGravenese y basado en la novela de Robert James Waller, es cercano, emotivo y desde luego apasionante por su verosímilitud en una historia creíble y comprometedora que es argumentada de forma incitadora, arrollando por su amor inspirador que es llevada a cabo con una narrativa perfecta e intachable. Para esto se emplea también unos diálogos naturales y humanos que gustan por su sencillez.

En definitiva, la considero una obra inmortal e indispensable en el cine melodramático, por ser sentimental, cautivadora e inmensa no solo para los cinéfilos más experimentadas sino para el gran público en general. Muy recomendable por su dirección, guion, interpretaciones, fotografía, música, narrativa y diálogos que convierten a Los puentes de Madison en una cinta sincera y necesaria para los que busquen relaciones humanas creíbles y llevadas a cabo con perfección y acierto en la gran pantalla.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 10 SOBRE 10

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