Raíces profundas (1953)

                                             raíces profundas

“Nunca es mucho tiempo”, apunta Shane hacia el final del film con cara de galán inexpresivo para inmortalizar un film que brilla con intensidad dentro de los mejores western del séptimo arte. El desaparecido Alan Ladd que fue tachado por muchos como un galán de corta estatura pero que clavaba sus papeles de héroe dramático, hila una estupenda interpretación que se queda en la retina del espectador por su profundidad y porque en todo momento insinúa con sus movimientos que es un gran tirador con un turbio pasado al que no se quiere volver a enfrentar, razón por la cual decide ayudar a una familia que quiere echar de sus tierras un poderoso ganadero.

La parte técnica de la película cumple estupendamente para atraer la atención del espectador gracias al enorme trabajo del director George Stevens. La fotografía en color es de lo más vistosa y evocadora, la música añade confort al film con sus deleitosas melodías que acompañan sutilmente la acción según es necesitado y los planos y movimientos de cámara son como eran de esperar en el género, con mucho uso de panorámicos, planos americanos, detalles y plano-contraplanos para atrapar la total atención del espectador. Sin menospreciar por supuesto, el resto de interpretaciones de Jean Arthur, Van Heflin, Brandon De Wilde, Jack Palance y Ben Johnson que son un perfecto acompañamiento del principal.

Dentro del género western hay varios títulos que sin lugar a dudas por algunos detalles han sabido sobrevivir el paso del tiempo, y sin duda alguna Raíces profundas es uno de ellos. Todo en el film se va cociendo poco a poco hasta alcanzar un final algo predecible pero igualmente apasionante para los seguidores del género. Ya que todo lo que pone en el asador el director brilla en la justa medida para ser recordado como una gran obra en la que aunque destaque un poco por encima de todo la brillante interpretación de Ladd, son muchas más las cuestiones que hacen de este film algo profundo y recordable.

No se toma prisas además el director en ir exponiendo su estupendo desarrollo hasta llegar a su imaginable final, que como era de esperar, deja mensajes de justicia, dignidad, amistad, unión y un oscuro pasado del protagonista que tan solo deja entrever al final. Aunque eso sí, la forma de ir poco a poco creando tensión es de lo mejor del film, junto con una lúcida fotografía en color que obtuvo merecidamente el oscar por transportar eficazmente al público a esa más que conocida época norteamericana en la que además de buenas intenciones, era necesario disponer de unos buenos puños y un arma en el cinto para en un momento dado, defenderse de los que no estaban por la labor de dejarte vivir digna y tranquilamente.

Para finalizar, mencionar que es un western que deja una grata sensación tras su visionado y el recuerdo de haber vivido una agradable experiencia fílmica con los atractivos paisajes del oeste americano y unos vestuarios y caracterizaciones que te transportan eficazmente al momento y lugar en cuestión. Concluyendo sin duda, un notable film que es de lo más recomendable no solo para los seguidores e incondicionales del género, sino para todos aquellos que quieran aventurarse y descubrir por qué el género western ha cautivado y sigue cautivando a tantas generaciones de cinéfilos.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 8 SOBRE 10

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