Siete ocasiones (1925)

                                                  siete ocasiones

Siete ocasiones (1925) de Buster Keaton es una comedia de cine mudo basada en un agente de bolsa casi arruinado que recibe la noticia de que va a heredar una fortuna de su abuelo si es que se casa antes de las siete de la tarde de ese mismo día. Dirigida con un ritmo activo y con el estilo habitual y reconocible del director, es una obra divertida que una vez más guarda lo mejor para el final y que encantará a los seguidores del cine mudo cómico clásico por sus innumerables situaciones jocosas y características con la cara inexpresiva del director que mantiene alto su nivel y que deja estupendas sensaciones tras su visionado, concluyendo un vistoso e hilarante film que es de visión obligada para los que busquen las mejores comedias del gran Buster Keaton.

La fotografía en blanco y negro es alusiva de la época en una estupenda labor que hace buen uso de los claroscuros y que ofrece las imágenes más idóneas para lo que expone la trama. La música aún siendo un film mudo, es clásica y logra un sutil acompañamiento musical lleno de melodías dulces y acertadas que añaden confort a la trama de forma sugerente. Los planos y movimientos de cámara consuman una estupenda labor técnica mediante el uso del seguimiento, generales, planos-contraplanos, detalles, primeros planos, planos medios, americanos, seguimiento y detalles competentes que exprimen lo mejor del film.

Las actuaciones son remarcables y en la típica línea acostumbrada del director y actor. Como protagonista absoluto Buster Keaton está señalado y magnífico en su arquetipo habitual, siendo buenos los acompañamientos de Ruth Dwyer, T. Roy Barnes, Snitz Edwards, Frances Raymond, Erwin Connelly y Jules Cowles. Para estos emplea la dirección artística unos vestuarios y caracterizaciones elegantes y distinguidos por un lado y sugestivos y clásicos en generales en una oportuna labor que junto con los interiores y exteriores cumplen bien con su cometido.

El guion, escrito por Clyde Bruckman, Jean Havez y Joseph Mitchell, es sustancioso en lo que expone y es tan atractivo que ha sido copiado en films posteriores modernos, logrando sacar con ello las sonrisas del espectador buscador de la risa basada en situaciones exageradas de golpes siempre manteniendo el protagonista su peculiar rictus inexpresivo, finalizando con ello uno de los films más remarcables de su director que dominó como nadie su estilo jocoso y distinto de hacer humor. Esto se lleva a cabo con una narrativa visual no hablada que es de lo mejor del film como es costumbre en este tipo de películas y que consigue que el espectador tenga todo el rato una sonrisa en la cara. Cabe destacar también, el montaje seguido y acompasado al estilo del director que marca un ritmo dinámico y pasa su visionado en un santiamén por su corta duración.

En definitiva, la considero una obra indeleble e insustituible por su humor característico de Buster Keaton y su trama que ha sido copiada en films posteriores por su sencillez y eficacia en lo que puede dar de sí, logrando mantener con ello al público con una sonrisa en la cara sobre todo como es habitual en el último tercio del film. Recomendable por su dirección, guion, actuaciones, fotografía, montaje, planos, vestuarios y narrativa no hablada sino gesticular que vuelve a Siete ocasiones, un film divertido y arrollado en su curiosa historia que es exprimida con mucho acierto.

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 8 SOBRE 10

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Siete ocasiones (1925), 8.0 out of 10 based on 1 rating

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