La trinchera infinita (2019)

la trinchera infinita

Es bueno recordar -creo yo-, lo que ocurrió dentro de nuestras fronteras hace no demasiados años. Es bueno recordar, que no hace mucho éramos capaz de mantener un odio atroz a quien no pensaba como nosotros, a quien no seguía a los mismos líderes políticos a quienes nosotros creíamos conveniente. Es bueno, -creo yo-, para intentar por todos los medios que no se repita, ya que en ocasiones parece que vamos directos a lo que en La trinchera infinita se narra. Enorme drama basado en hechos reales que te hipnotiza a la vez que te machaca por mostrar tan crudamente, a lo que tenían que recurrir en ocasiones aquellos que perdían las batallas por miedo a represalias. 

Los directores Jon Garañón, Aitor Arregi y José Mari Goenaga ponen voz, oído y sentimiento a una de tantas y tantas historias que ocurrieron en la guerra y tras la guerra, para que no caiga en el olvido y no pensemos por un instante que estamos tan lejos de aquello que nos avergüenza, de aquello que nos separo tan profundamente y que aún dura en nuestras diferencias políticas llevadas al extremo. Y lo hacen con mano diestra y con mucho acierto, sin ofender creo yo a nadie pero a la par mostrando lo que paso en esos aciagos días de la guerra civil española y en la posterior dictadura de Franco, donde los vencedores sometían a los vencidos a través de odio y rencor sin límites. 

La parte técnica de la película está también muy bien lograda. La excepcional fotografía de Javier Aguirre Erauso expone muy bien la claustrofobia al público en casi todo el film, y además, aporta gran dosis de realismo y tensión en las persecuciones gracias a la cámara en mano, consiguiendo así inquietar más si cabe al espectador. También la música, sutil y acompañando magistralmente la acción es de lo mas acertada. Y qué decir de la dirección artística mostrando el paso de los años en los personajes físicamente, y también en los decorados que consiguen transportarte notablemente a cada época narrada. 

Las interpretaciones, son también estupendas, gracias sobre todo a las enormes actuaciones de Antonio De la Torre y Belén Cuesta que se apoderan de la atención del espectador en todo el film. Por su dramatismo, por el realismo de sus miradas, de sus miedos, de cómo ocultaban su gran secreto a vecinos y seres queridos, manteniéndolo incluso hasta el fin de todo eso para aturdir al público con la verosimilitud que desprende esta historia de principio a fin. Y el guion, lineal y de lo más creíble, logra captar toda la atención y respeto de toda clase de espectadores por no sobrarle ni un minuto, ni una frase, ni un silencio…

En definitiva, considero la Trinchera infinita una obra sobresaliente. Por sacar a la luz con mucha destreza un tema delicado y controvertido por las diferencias políticas que aún existen en un país que parece por momentos no recordar todo lo malo que trajo la guerra civil española. Por recordarnos que el odio nunca muere y que es mejor en ocasiones pasar cosas desapercibidas, ya que el odio no olvida, el odio te mata poco a poco sin darte cuenta ni ser consciente que en ningún momento te beneficia, y lo que es peor, que poco a poco te hará menos libre y cada vez más esclavo de un pensamiento amargo y posiblemente desmedido en realidad. 

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 9 SOBRE 10

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