Nadie sabe (2004)

nadie sabe

Hermosa y triste historia la que se nos muestra en Nadie sabe. En ella, el director y guionista Hirokazu Koreeda detalla la historia de 4 hermanos menores de edad, y su madre, una prostituta que pasa muy poco tiempo con ellos, y que los obliga a vivir solos hacinados en un piso mientras ella de vez en cuando les manda algo de dinero, hasta que un día desaparece por completo. En ese momento el hermano mayor, que no deja de ser un niño, se responsabiliza del resto de sus hermanos encargándose de las compras y del cuidado de estos, los cuales además, deben estar en silencio en el piso para que los propietarios no se enteren de que están solos y denuncien el caso a la policía, ya que en ese caso se separarían a los hermanos. 

Con esta premisa comienza y avanza esta amarga historia de amor a la familia y a la vez de impotencia y soledad de unos niños, que se resignan a su aciago destino lleno de pesadumbre y sobre todo de una enorme incertidumbre de lo que pasará con ellos, aunque mientras tanto, juegan y se entretienen como pueden, ya que al fin y al cabo no dejan de ser niños, y es el hermano mayor el que se encarga de todo y vela por la seguridad de sus hermanos, aunque este también no deja de ser un niño, y en ocasiones puede cometer actos lejos del camino que le han trazado. 

Esta película, que tiene como claro objetivo conmover al espectador, y lo consigue notablemente, no deja de ser una triste realidad que por suerte pasa en pocas ocasiones, pero que desde luego existe y que en un momento u otro de nuestra existencia hemos sido testigos a través de los medios de comunicación de algún caso parecido. Es precisamente esa posibilidad real la que asfixia al público en una continua sensación de ser cierto lo que se está narrando, por muy triste y desafortunado que pueda parecer, y nos hace también testigos de la enorme responsabilidad que adquiere alguno de ellos en el cuidado del resto, como en la naturaleza misma que nos rodea. 

Por tanto, considero esta película una obra digna de ser vista, por su gran dosis de realidad y también de humanidad que desprende. Humanidad no siempre buena, claro está, pero humanidad al fin y al cabo al mostrarnos lo que una persona es capaz de hacer con sus hijos por tal de no perderlos, aunque el precio que tengan que pagar estos sea el mismo abandono y la eterna soledad que parece no acabar nunca. También la trama desprende una gran dosis de humanidad de la buena, de como esos niños cuidan los unos de los otros y de como el hermano mayor sin quererlo ni pedirlo, hace su papel de padre para que sus hermanos pequeños no sientan la dura y cruda realidad de la que solo parece ser consciente él mismo. 

PUNTUACIÓN DEL CINE DE RAMÓN 8 SOBRE 10

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